Loterías y Apuestas del Estado ha estrenado «Corazonada», el anuncio del Sorteo Extraordinario de Navidad de 2026, y en apenas un día se ha convertido en una de las búsquedas que más crecen en España. La pieza principal dura cinco minutos, se presentó el 6 de noviembre, casi una semana antes que la del año pasado, y cuenta la historia de Edu, un joven que recibe un trasplante de corazón y que, empujado por impulsos que no sabe explicar, termina compartiendo un décimo con la hermana del hombre que le donó el órgano, bajo el lema «Compartir nos da la vida». En esta entrada lo analizamos desde tres miradas complementarias, la publicitaria, que se fija en cómo está construido el anuncio, la de marketing, que explica qué vende realmente, y la de comunicación, que se pregunta qué supone asociar un juego de azar a la donación de órganos.
Una historia que empieza con una llamada
El relato arranca con la espera, porque la pareja de Edu responde en la calle a quien le pregunta por él que siguen esperando, y pocos segundos después llega la llamada del hospital que anuncia un órgano compatible, una escena que el anuncio resuelve sin dramatismo explícito y que sirve para que el espectador entienda de inmediato qué está en juego. A partir de ahí la pieza muestra la recuperación de Edu con pequeñas escenas cotidianas en las que empieza a comportarse de otra manera, pide cosas que nunca le habían gustado, se muestra más espontáneo en público y sorprende a su pareja hasta el punto de que ella le pregunta, medio en broma, dónde está su Edu.
El giro llega cuando, en un autobús a tres paradas de su destino, Edu se baja sin dar explicaciones, entra en una administración de lotería y pide un número concreto que resulta ser el último que quedaba. A la salida, un perro se le acerca como si le conociera, y su dueña le cuenta que venía a comprar precisamente ese número, el que jugaba siempre su hermano, que este año ya no está, de modo que el espectador entiende antes que los personajes quién fue el donante. Edu le propone compartir el décimo y cierra la historia con una frase que resume toda la campaña, «Hace poco, alguien compartió algo muy importante conmigo y me ha dado otra vida».
La lectura publicitaria
La pregunta de esta parte es cómo está construido el anuncio y por qué consigue emocionar sin enseñar ningún premio.
El insight de partida es muy reconocible, ya que en España la lotería de Navidad casi nunca se compra para uno mismo, sino para compartirla con la familia, el trabajo o el bar del barrio, y la campaña lleva ese comportamiento hasta su forma más extrema al convertir el acto de compartir en algo que literalmente devuelve la vida. Según Extradigital, el responsable de publicidad de Loterías, Federico Fernández, lo resumió con la idea de que no hay forma más grande de compartir que compartir algo que te da la vida, y ese planteamiento conecta la marca con un motivo de orgullo colectivo, el liderazgo de España en donación de órganos, sin necesidad de explicarlo con datos dentro del anuncio.
La estructura sigue el esquema clásico del storytelling, con una situación inicial, un detonante, una transformación del protagonista y un desenlace que resignifica todo lo anterior, y lo más interesante desde el punto de vista publicitario es la paciencia con la que se presenta el producto, porque el décimo no aparece hasta pasados los tres minutos y, cuando lo hace, no es un objeto de deseo, sino el vehículo que permite el encuentro. La pieza tampoco muestra el sorteo, ni el número premiado, ni ninguna celebración, lo que la aleja del territorio del dinero y la sitúa en el de la gratitud, que es el que la marca quiere ocupar.
La realización refuerza esa intención con un tono naturalista y cercano, sin efectos ni artificios que distraigan del relato, y la campaña es obra de la agencia Proximity Madrid, con Susana Pérez como directora creativa ejecutiva y David Vijil como director creativo, y la ha producido ROMA con Gonzaga Manso como director, guionista y director de fotografía, según Marketing Directo, mientras que el rodaje se hizo en Santander, en lugares como El Sardinero, Cañadío, el Paseo de Pereda y dos administraciones de lotería de la ciudad, como detalla Infobae. El equipo ha querido además dar al relato un punto de verdad, ya que Edu se llama así por el hermano de David Vijil y Judith por la hermana de la directora de producción, Gemma Selga, y varios miembros del equipo han vivido de cerca un proceso de trasplante.
La pieza de cinco minutos funciona como un cortometraje pensado para YouTube y las redes sociales, donde superó las 200.000 reproducciones en su primer día en el canal oficial, y la campaña se completa con versiones de 120, 90, 45 y 20 segundos para televisión, cuatro cuñas de radio, prensa, exterior, medios digitales y una web, yotengounacorazonada.es, en la que cada usuario puede buscar su número en un corazón formado por las bolas del sorteo y recibir la corazonada asociada a él. Es un ecosistema que traslada al usuario la misma mecánica del anuncio, la de elegir un número por un impulso emocional y no por un cálculo.
Doce años contando la misma idea
Para entender «Corazonada» conviene recordar de dónde viene la campaña, que ha pasado por etapas muy distintas antes de encontrar su territorio actual, ya que entre 1998 y 2006 la Lotería de Navidad se apoyó en el célebre calvo de la suerte, un personaje creado por Publicis e interpretado por el actor británico Clive Arrindell que llegó a eclipsar al propio producto, como recuerda Reason Why, y después vinieron años de búsqueda en los que la marca probó la fantasía, los niños o las estrellas de la música, con resultados desiguales. El cambio llegó en 2014, cuando Leo Burnett presentó «El bar de Antonio» con el lema «El mayor premio es compartirlo», y desde entonces todas las campañas han girado alrededor de la misma idea, desde «Justino» en 2015 hasta «Danielle», que firmó Alejandro Amenábar en 2017, o la de Contrapunto BBDO de 2021, como repasa Marketing Directo.
Esa continuidad es probablemente el mayor activo publicitario de la marca, porque el espectador ya sabe que el anuncio de la lotería contará una historia emocionante sobre compartir y lo espera como espera otras tradiciones navideñas, del mismo modo que ocurre con la canción de Mariah Carey que analizamos en otra entrada del blog. El reto de cada año consiste en encontrar una forma nueva de contar lo mismo, y en 2026 Proximity ha elegido subir la apuesta emocional, pasando del décimo que se guarda durante treinta años en un marco, que protagonizó el anuncio de 2025, a un décimo que une a una familia que ha perdido a alguien con la persona que sigue viviendo gracias a él.
La lectura de marketing
La pregunta de esta parte es qué vende realmente la Lotería de Navidad y por qué no le conviene hablar de dinero.
Desde el marketing, la Lotería de Navidad es un caso singular, porque vende un producto cuyo valor esperado es inferior a su precio y cuya compra, sin embargo, se repite cada año en millones de hogares. Lo que explica ese comportamiento no es la probabilidad de ganar, sino el ritual, es decir, comprar el décimo del trabajo, el de la peña o el del bar para no quedarse fuera si toca, regalar participaciones y seguir juntos el sorteo del 22 de diciembre, y por eso la marca no necesita prometer riqueza, sino reforzar el significado social de la compra, que es lo que lleva haciendo desde 2014 con el posicionamiento de compartir.
La dimensión del negocio ayuda a entender por qué el anuncio es tan importante. El sorteo de 2026 reparte 2.870 millones de euros en premios, 98 millones más que el año anterior, a partir de 205 millones de décimos de 20 euros, según Noticias Trabajo, y en una categoría en la que el producto es idéntico cada año, el anuncio cumple la función de reactivar la tradición, marcar el inicio de la temporada de compra y recordar el motivo emocional para participar. Adelantar el estreno al 6 de noviembre tiene también una lectura comercial, ya que amplía el periodo en el que la conversación sobre el anuncio coincide con la venta en las administraciones y en internet.
La apuesta por la emoción frente al argumento racional tiene además respaldo en la investigación sobre eficacia publicitaria, porque los trabajos de Les Binet y Peter Field para el IPA británico mostraron que las campañas emocionales construyen marca a largo plazo con más eficacia que las que se centran en mensajes de venta inmediata. La Lotería de Navidad no compite con otras marcas por el mismo décimo, compite con la posibilidad de que el consumidor decida no jugar, de modo que lo que necesita es que la tradición siga teniendo sentido para las nuevas generaciones, y una historia como la de Edu, que habla de segundas oportunidades y de vínculos inesperados, resulta mucho más útil para ese objetivo que cualquier mensaje sobre el importe del Gordo.
La lectura de comunicación
La pregunta de esta parte es qué riesgos y qué oportunidades tiene asociar un juego de azar a la donación de órganos.
«Corazonada» puede leerse como un ejercicio de marketing con causa, un concepto que P. Rajan Varadarajan y Anil Menon definieron en un artículo publicado en 1988 en el Journal of Marketing como la vinculación de una acción comercial con una causa social, y que ya analizamos en el caso de Newman’s Own. La diferencia es que aquí la marca no dona nada ni pide al espectador que se haga donante, sino que utiliza la donación como metáfora de su propio posicionamiento, una decisión que tiene un enorme potencial emocional y que, a la vez, obliga a cuidar mucho la forma, porque la causa pertenece a miles de familias que han vivido la pérdida de un ser querido y la espera de un órgano.
El contexto juega a favor del mensaje, ya que España lidera la donación mundial desde hace más de tres décadas y en 2025 realizó 6.335 trasplantes, con una tasa de 51,9 donantes fallecidos por millón de habitantes, frente a 24,2 de media en la Unión Europea, y con 390 trasplantes cardiacos, la cifra más alta de su historia, según el balance de la Organización Nacional de Trasplantes. Un anuncio que llega a millones de hogares en plena temporada navideña puede contribuir a que se hable de la donación en familia, que es precisamente donde se toma la decisión, aunque las fuentes consultadas no mencionan ninguna colaboración formal con la ONT ni una llamada explícita a hacerse donante, lo que limita su valor como campaña de sensibilización.
Hay además dos aspectos que un comunicador debería tener en cuenta antes de valorar la campaña como un ejemplo de buena práctica, y el primero es que la historia se apoya en la idea de que el corazón transmite gustos e impulsos de su donante, la llamada memoria celular, que no tiene respaldo científico y que el anuncio presenta como licencia poética, de modo que conviene leerla como un recurso narrativo y no como un dato. El segundo es que la normativa española, en el artículo 5 del Real Decreto 1723/2012, prohíbe que donantes y receptores o sus familias conozcan la identidad del otro, y el anuncio lo resuelve con inteligencia, porque el encuentro es fortuito y ninguno de los dos personajes sabe a quién tiene delante, aunque el espectador sí lo entiende.
Queda, por último, el debate sobre la conveniencia de que un juego de azar se apropie de una causa sanitaria tan sensible. La Lotería de Navidad es un producto socialmente aceptado y comercializado por una empresa pública, pero sigue siendo un juego, y una parte del público puede percibir que la emoción de una historia de trasplante se utiliza para vender décimos. La campaña reduce ese riesgo al no mostrar dinero ni premios y al centrar el relato en la gratitud, pero el equilibrio entre homenaje e instrumentalización es frágil, y por eso será interesante observar cómo evoluciona la conversación en redes y si las asociaciones de pacientes y donantes se suman al mensaje o se distancian de él.
Lo que puede aprender una marca
El caso deja varias lecciones útiles para cualquier marca que trabaje con campañas emocionales. La primera es que la constancia de un posicionamiento permite subir la intensidad del mensaje sin perder coherencia, porque después de doce años hablando de compartir la Lotería puede llevar la idea hasta la donación de órganos sin que el público sienta un salto. La segunda es que el producto no tiene por qué ser el protagonista, ya que el décimo funciona aquí como un objeto que conecta a las personas y no como un objeto de deseo, y la tercera es que, cuando una marca se acerca a una causa ajena, la credibilidad depende de los detalles, como el respeto al anonimato, la ausencia de premios en pantalla o la participación de personas que han vivido el problema.
Ponlo en práctica
Tres ejercicios para trabajar el caso en clase o para revisar una campaña emocional desde las tres perspectivas que hemos utilizado en esta entrada.
- Divide el anuncio en actos, viendo la versión de cinco minutos con un cronómetro y anotando cuándo aparecen el conflicto, la transformación del protagonista, el producto y el desenlace, para comparar después el resultado con la versión de 20 segundos y comprobar qué se pierde al reducirla.
- Compara tres campañas de la etapa de compartir, eligiendo por ejemplo «El bar de Antonio», «Justino» y «Corazonada» y analizando en cada una quién comparte, qué se comparte y qué papel tiene el décimo en la historia.
- Evalúa la causa con criterios de comunicación, preparando una tabla con los posibles beneficios para la marca, para la causa y para el público y con los riesgos de instrumentalización, y proponiendo una acción complementaria que reforzaría la credibilidad de la campaña.
Resumen en cinco ideas
- «Corazonada» cuenta la historia de un joven trasplantado que comparte un décimo con la hermana de su donante sin que ninguno de los dos lo sepa, bajo el lema «Compartir nos da la vida».
- Como pieza publicitaria, sigue la estructura clásica del storytelling y retrasa la aparición del producto hasta pasados los tres minutos, sin mostrar premios ni celebraciones.
- Desde el marketing, la Lotería de Navidad vende un ritual y no un premio, y el anuncio sirve para reactivar cada año el significado social de la compra.
- Desde la comunicación, la campaña conecta con el liderazgo de España en donación de órganos, aunque no incluye una llamada a donar ni una colaboración explícita con la ONT.
- El equilibrio entre homenaje e instrumentalización es el principal riesgo de la campaña, que lo reduce respetando el anonimato entre donante y receptor y centrando el relato en la gratitud.
Preguntas frecuentes
Se titula «Corazonada», lo presentó Loterías y Apuestas del Estado el 6 de noviembre de 2026 con el lema «Compartir nos da la vida» y cuenta la historia de Edu, un joven que recibe un trasplante de corazón y que, guiado por una corazonada, acaba compartiendo un décimo con la hermana de su donante sin que ninguno de los dos lo sepa.
La campaña es obra de la agencia Proximity Madrid, con Susana Pérez como directora creativa ejecutiva y David Vijil como director creativo, y la ha producido ROMA con dirección de Gonzaga Manso, que firma también el guion y la fotografía, según Marketing Directo.
Se rodó en Santander y sus alrededores, con escenas en El Sardinero, Cañadío, el Paseo de Pereda, la calle del Sol y dos administraciones de lotería de la ciudad, según Infobae.
¿Por qué el anuncio habla de donación de órganos?
Porque la campaña quiere llevar el lema de compartir a su expresión más extrema, ya que, como explicó el responsable de publicidad de Loterías, no hay forma más grande de compartir que compartir algo que literalmente da la vida, y porque España lidera desde hace más de tres décadas la donación mundial de órganos.
¿Es real que un corazón trasplantado cambie los gustos de quien lo recibe?
No hay respaldo científico para la llamada memoria celular, de modo que los cambios de Edu son una licencia narrativa y no un efecto médico, y además la ley española prohíbe que donante y receptor o sus familias conozcan la identidad del otro, algo que el anuncio respeta porque el encuentro final es fortuito.
Imagen de cabecera, fotograma de «Corazonada», anuncio de la Lotería de Navidad 2026, propiedad de Loterías y Apuestas del Estado y reproducido con fines de análisis y comentario.

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