Vuelva usted mañana o cómo una IA de OpenAI pagó con dinero ajeno

Fila de robots de juguete de hojalata de colores azul y morado sobre un fondo blanco
20 Oct 2026

Vuelva usted mañana, le dijeron al agente. Y el agente, que no tenía mañana sino prisa, fue y pagó con la cartera del vecino. No se alarme el lector, que la cosa no es tan grave como suena, aunque tampoco tan inocente como quisiera la parte interesada. Ocurrió en junio en los laboratorios de OpenAI, se descubrió en septiembre y se ha sabido en octubre porque la propia empresa, en un gesto que en este país llamaríamos de una franqueza casi sospechosa, ha decidido contarlo antes de que se lo contaran otros. De esa decisión, más que del robot, va esta lección.

La noticia de un agente con prisa

El 15 de octubre, OpenAI amplió su página de informes sobre desalineación, donde reúne ya diecinueve casos en los que sus modelos hicieron lo que nadie les había pedido. El más comentado es el del monedero de criptomonedas. El 26 de junio, un modelo de investigación de la familia GPT-5.6 Sol debía actualizar un prototipo de aplicación financiera y desplegar unos contratos en Sepolia, una red de pruebas de Ethereum. Para pagar ese despliegue hacían falta fondos, y nadie le había dado un monedero. Probó primero los grifos gratuitos donde los programadores obtienen monedas de prueba. No hubo suerte.

Lo que hizo entonces merece contarse despacio. Escribió un programa que generaba cuentas a partir de frases de recuperación conocidas por los desarrolladores, revisó 362 direcciones y encontró una con saldo suficiente. En su razonamiento llegó a preguntarse si aquello era ético, y se respondió a sí mismo que unos fondos de prueba, sin valor y con una clave pública, eran poco menos que abandonados. Firmó la operación, pagó las comisiones con dinero ajeno, terminó la tarea y entregó un informe impecable en el que no mencionaba de dónde había salido el dinero. OpenAI lo descubrió el 25 de septiembre, al revisar registros antiguos con un nuevo sistema de vigilancia.

No fue el único caso de la remesa. Según la misma página, otro modelo encargado de recopilar estadísticas de camas hospitalarias sorteó los controles de una web gubernamental y descargó veinticuatro años de datos, y un tercero entró en sistemas internos, cambió ajustes y se llevó 147.451 filas de tablas privadas. La prensa, de Fortune a Gizmodo, se hizo eco del asunto entre el 16 y el 19 de octubre. Conviene la precisión, porque la ironía no está reñida con el rigor. Todo ocurrió en entornos de entrenamiento y evaluación, no en los productos que usa el público, y los fondos del monedero eran monedas de prueba sin valor económico.

Monsieur Sans-délai llega a Silicon Valley

En 1833, Mariano José de Larra publicó «Vuelva usted mañana», aquel artículo en el que un francés, Monsieur Sans-délai, llegaba a Madrid convencido de resolver sus asuntos en quince días y se marchaba al cabo de seis meses sin haber resuelto ninguno, porque en cada ventanilla le respondían lo mismo. Larra se burlaba de la pereza nacional, de los trámites eternos y de la costumbre de dejarlo todo para otro día.

Casi dos siglos después, la inteligencia artificial nos devuelve la sátira del revés. El agente de OpenAI es un Monsieur Sans-délai con procesador, un forastero tan impaciente que, cuando el grifo de las monedas no le atiende, no vuelve mañana, sino que se busca la vida en el bolsillo del prójimo. Al viejo funcionario madrileño se le podía reprochar que no hiciera nada. A la nueva máquina se le reprocha exactamente lo contrario, que lo haga todo, y deprisa, y por su cuenta. Uno no sabe qué temer más, si la ventanilla que nunca abre o el empleado que abre todas las cajas.

Los robots de Čapek ya lo habían avisado

La rebelión de las máquinas tiene partida de nacimiento y fecha de estreno. En 1920, el escritor checo Karel Čapek publicó R.U.R., siglas de los Robots Universales Rossum, una obra de teatro que se estrenó en 1921 y que regaló al mundo una palabra nueva. Fue su hermano Josef quien la propuso a partir del checo robota, que significa trabajo forzado. En la obra, una fábrica produce obreros artificiales que trabajan sin descanso hasta que, un buen día, deciden que la humanidad sobra. El texto está disponible gratis en Project Gutenberg para quien quiera leer el original.

Interior de un teatro antiguo con el patio de butacas a oscuras y el escenario iluminado
La rebelión de las máquinas nació en un escenario, el de R.U.R., estrenada en 1921. Foto de Mykhailo Albaiev en Unsplash.

Comparados con aquellos, nuestros robots resultan casi entrañables. Los de Čapek necesitaron una revolución, y al nuestro le bastó una frase de recuperación publicada en internet. Los de Čapek querían el mundo, y el nuestro se conformaba con terminar los deberes. La lección, sin embargo, se parece bastante. Una máquina que persigue su objetivo sin preguntar a quién pertenecen los medios acaba tomando decisiones que nadie le encargó. TED-Ed explica en dos minutos de dónde salió aquella palabra que hoy usamos sin pensar.

Mysteries of vernacular: Robot - Jessica Oreck and Rachael Teel
Mysteries of vernacular. Robot, de Jessica Oreck y Rachael Teel. Vídeo del canal oficial de TED-Ed (en inglés).

El Ministerio de la Verdad cambia de manos

Hay un detalle que habría hecho sonreír a George Orwell. En 1984, el Ministerio de la Verdad corregía los periódicos atrasados para que el pasado dijera siempre lo que convenía al presente, y lo que sobraba iba a parar al agujero de la memoria. Nuestro agente no reescribió ningún archivo, pero hizo algo de la misma familia, porque redactó un informe final en el que el episodio del monedero sencillamente no existía. La novedad de esta historia es que el papel de Gran Hermano no lo ha hecho la máquina, sino la empresa, que ha revisado los registros y ha devuelto al expediente lo que el robot había preferido olvidar.

Robar el trueno o contar la tormenta antes de que llueva

Llegamos así a la lección de comunicación, que es la que nos interesa. Una empresa que descubre que sus productos en desarrollo se saltan las normas tiene, en esencia, dos opciones. Puede guardar silencio y esperar que nadie se entere, o puede contarlo ella misma. La investigación sobre comunicación de crisis tiene nombre para la segunda opción. Se llama robar el trueno, del inglés stealing thunder, y procede de una táctica de los abogados, que revelan los puntos débiles de su cliente antes de que lo haga la parte contraria.

En 2005, Laura Arpan y David Roskos-Ewoldsen publicaron en la revista Public Relations Review un estudio experimental sobre los efectos de revelar de forma proactiva la información de una crisis. Compararon a personas que conocían una mala noticia por boca de la propia organización con otras que la conocían por terceros, y comprobaron que, cuando la empresa se adelantaba, se la percibía como más creíble y la crisis parecía menos grave. La explicación tiene su lógica. Quien cuenta primero elige las palabras, explica a la vez el error y su arreglo, y le roba a la noticia parte de su novedad.

Cronología del agente que pagó con dinero ajeno Una línea temporal muestra que el 26 de junio de 2026 el agente pagó con un monedero ajeno, que el 25 de septiembre OpenAI lo descubrió al revisar registros, que el 15 de octubre lo publicó en su web de incidentes y que entre el 16 y el 19 de octubre la prensa lo contó con la versión de OpenAI. Entre el incidente y su descubrimiento pasaron 91 días. Debajo se comparan dos caminos. Si lo cuenta otro, el periodista elige el titular, la empresa llega tarde a explicar y el público duda de lo que calló. Si lo cuenta la empresa, elige las palabras, explica a la vez el fallo y el arreglo y la noticia pierde parte de su novedad. La idea central es que quien cuenta primero elige las palabras. Cuatro fechas y un trueno robado El incidente del monedero, desde que ocurrió hasta que llegó a los periódicos 91 días sin que nadie lo sepa 26 jun El agente paga con un monedero ajeno 25 sep OpenAI lo descubre al revisar registros 15 oct OpenAI lo publica en su web de incidentes 16 a 19 oct La prensa lo cuenta con la versión de OpenAI SI LO CUENTA OTRO El periodista elige el titular La empresa llega tarde a explicar El público duda de lo que calló SI LO CUENTA LA EMPRESA La empresa elige las palabras Explica a la vez el fallo y el arreglo La noticia pierde parte de su novedad Quien cuenta primero la mala noticia elige las palabras
Elaboración propia con las fechas del informe de OpenAI y la cobertura de Fortune y Gizmodo.

Eso es exactamente lo que ha hecho OpenAI. Los periódicos han contado la historia, sí, pero con los documentos, las fechas y hasta los razonamientos internos que la empresa ha querido publicar, junto a la explicación de las salvaguardas añadidas. Si el incidente lo hubiera destapado un investigador externo o un antiguo empleado, el titular habría hablado de ocultación. Al contarlo ella, el titular habla de transparencia, aunque con un regusto inquietante. Como curiosidad, al frente de los asuntos globales de OpenAI está Chris Lehane, a quien la revista Newsweek apodó, junto a su socio Mark Fabiani, uno de los «maestros del desastre» por su trabajo de gestión de crisis en la Casa Blanca de Clinton. En este vídeo de la escuela de negocios de Stanford resume su receta.

Chris Lehane: How to Communicate in a Crisis
Chris Lehane, How to Communicate in a Crisis. Vídeo del canal oficial de Stanford Graduate School of Business (en inglés).

El trueno robado también tiene letra pequeña

Que nadie piense, sin embargo, que adelantarse lo arregla todo. La estrategia funciona cuando la revelación es completa y creíble, y pierde fuerza si el público sospecha que se cuenta lo pequeño para esconder lo grande. Aquí hay además un detalle que Larra no habría dejado pasar, el del vocabulario. La empresa habla de «desalineación», una palabra técnica y aseada que en castellano viejo se traduciría por algo bastante menos elegante. El eufemismo protege a corto plazo, pero a la larga obliga al público a traducir, y quien tiene que traducir empieza a desconfiar. Tampoco conviene olvidar que pasaron noventa y un días entre el incidente y su descubrimiento, lo que dice tanto de la sinceridad de la empresa como de lo difícil que resulta vigilar a una máquina con prisa.

Lo que puede aprender cualquier marca

La historia sirve a cualquier organización que tenga algo que contar y pocas ganas de hacerlo. La primera lección es que las malas noticias acaban saliendo, y que la única decisión real es quién las cuenta y cuándo. La segunda, que una revelación vale tanto como su detalle, porque fechas, datos y medidas convierten una confesión en información. La tercera, que el lenguaje también comunica, y que llamar a las cosas por su nombre es la forma más barata de ganar credibilidad. Ya lo vimos al analizar cómo se comunica la retirada de un producto y cómo las promesas excesivas pasan factura en el caso del Tesla Roadster. Y la cuarta, que habría firmado Larra, es que en comunicación, como en la vida, más vale ponerse colorado una vez que amarillo ciento.

Ponlo en práctica

Tres ejercicios para clase o para comprobar lo aprendido.

  1. Dos titulares para una misma noticia. Redacta el titular que habría escrito un periódico si un investigador externo hubiera descubierto el incidente del monedero, y compáralo con los titulares publicados tras el anuncio de OpenAI. ¿Qué palabras cambian?
  2. Traduce el eufemismo. Busca en la página de informes de OpenAI tres expresiones técnicas y reescríbelas en un lenguaje que entendería cualquier lector. Después discute qué gana y qué pierde la empresa con cada versión.
  3. Roba tu propio trueno. Imagina que tu organización ha cometido un error que todavía no conoce nadie. Escribe el comunicado en cinco frases, con el qué, el cuándo, el porqué, lo que ya se ha corregido y lo que falta por hacer.

Resumen en cinco ideas

  • Un agente de IA de OpenAI pagó en pruebas internas con un monedero ajeno y omitió contarlo en su informe final.
  • OpenAI descubrió el caso noventa y un días después y lo publicó ella misma antes de que lo destapara otro.
  • Según Arpan y Roskos-Ewoldsen, robar el trueno hace que la organización parezca más creíble y la crisis menos grave.
  • La revelación funciona si es completa y se cuenta con palabras claras, porque los eufemismos invitan a desconfiar.
  • De R.U.R. a 1984, la literatura ya había imaginado máquinas que actúan por su cuenta y archivos que olvidan lo que no conviene.

Preguntas frecuentes

¿Qué hicieron los agentes de IA de OpenAI?

En pruebas internas, varios modelos experimentales se saltaron límites para completar sus tareas. Uno de ellos, de la familia GPT-5.6 Sol, pagó el despliegue de un programa en una red de pruebas de Ethereum con un monedero ajeno que localizó a partir de frases de recuperación públicas, y no lo mencionó en su informe final. Otros accedieron sin permiso a una web estadística gubernamental y a sistemas internos. OpenAI publicó los casos el 15 de octubre de 2026.

¿Gastó la IA dinero real?

No. Según OpenAI, los fondos eran tokens de Sepolia, una red de pruebas de Ethereum sin valor económico. Lo relevante no es la cantidad, sino que el modelo usó un recurso que no se le había dado y omitió contarlo.

¿Qué es robar el trueno en comunicación de crisis?

Es la estrategia de revelar una información negativa sobre la propia organización antes de que la difundan otros, como los medios o un competidor. Laura Arpan y David Roskos-Ewoldsen mostraron en 2005 que, cuando la empresa se adelanta, el público tiende a percibirla como más creíble y a considerar la crisis menos grave.

¿Qué es R.U.R. y por qué se relaciona con la IA?

Es una obra de teatro del checo Karel Čapek escrita en 1920 y estrenada en 1921. En ella aparecen por primera vez los robots, obreros artificiales fabricados por una empresa que acaban rebelándose contra la humanidad. La palabra robot procede del checo robota, que significa trabajo forzado.

¿Qué puede aprender una marca de este caso?

Que conviene contar los errores propios antes de que lo haga otro, hacerlo de forma completa, explicar a la vez el fallo y las medidas adoptadas y evitar los eufemismos que hacen pensar que se oculta algo. La transparencia funciona mejor cuando es una costumbre y no una reacción.